¿Unos mates?

Futbol

Para Maxi, por haberme convidado de su mate.

El mate se comparte, esa es la tradición. Resulta extraño tomarlo solo, siempre se debe estar en compañía de alguien para disfrutarlo. O al menos esa es la explicación que un amigo argentino me daba a mí y a un grupo de latinoamericanos una tarde de verano, mientras nos acercaba el termo y nos invitaba a probar de su yerba. El mate, nos dijo, es una rutina que se lleva a cabo para conversar con los demás. Por eso, para que el mate tenga buen sabor, es necesario acompañarlo con historias y anécdotas, de lo contrario sabe mal o le falta sabor. Por eso fue que, entre sorbos de mate, nos pusimos hablar de futbol. ¿De qué otra cosa íbamos a hablar cinco latinoamericanos en territorio yanqui?

Dentro de los muchos temas que abordó nuestra conversación, el que más me llamó la atención fue el camino que a cada uno de los presentes lo llevó a estar ahí en ese momento. Caminos llenos de historias que, a pesar de estar alejadas las unas de las otras, nos llevaron a coincidir. Porque si algo dentro de nuestro trayecto hubiera sido diferente, nunca nos hubiéramos conocido y no hubiéramos compartido aquel mate lleno de relatos y buen sabor. Lo que podría resultar extraño en nuestras anécdotas es que, dentro de lo distintas que pudieran parecer, todas tenían un rasgo en común. Cada uno de los participantes, en algún momento de su relato, hizo mención de las cosas que había dejado de lado por poder jugar a la pelota. Dentro de la ausencia de eventos los más recurrentes fueron: vacaciones con la familia, el cumpleaños de algún amigo y la graduación de preparatoria. Nadie lo dijo en voz alta en aquel instante, pero creo que, en la intimidad de nuestros pensamientos, a todos nos quedó latente la misma pregunta ¿habrá valido la pena todo?

Antoine Griezmann

Cada uno tendrá sus propias conclusiones al respecto, lo que me queda claro es que si le hubiésemos hecho la misma pregunta a un aficionado de verdad, de esos que siguen sin falta la transmisión de su equipo cada jornada, probablemente la respuesta hubiese sido negativa. A los ojos del hincha verdadero, para que la ausencia al cumpleaños o a la graduación hubiese valido la pena, sería necesario estar jugando en un equipo profesional y aparecer cada fin de semana en televisión. Dos cosas que ninguno de los cinco que degustábamos el mate ejercíamos en ese momento. Lejos estábamos en aquel entonces de firmar un contrato millonario. Tan sólo éramos jugadores que habían emigrado de sus países para jugar futbol colegial y pagar sus estudios con la ayuda de una beca deportiva. Como dije antes, probablemente muy lejanos a las expectativas del fanático para el que una carrera exitosa es la de Messi o la de Cristiano que año con año aumentan su palmarés.

¿Qué pasa con el resto de los jugadores que también juegan profesionalmente pero que no ganan trofeos? Recordemos que en cada torneo solamente un equipo resulta campeón mientras que el resto se queda con las manos vacías y con la expectativa de lograrlo el próximo torneo. Un amplio porcentaje queda fuera del podio donde sólo el primer lugar es premiado. El segundo lugar ha pasado a ser considerado el primer perdedor y por eso, sin importar las formas, lo único que de verdad importa es el triunfo. Hemos olvidado la derrota oculta una belleza y que perder con hidalguía tambíen es otra forma de ganar.

Sin necesidad de llevarnos a lo que muchos de los espectadores considerarían “la gloria”, el futbol nos ha heredado recompensas que no necesariamente son un contrato millonario. Llega un punto en el que el balón deja de ser un simple esférico y se convierte en un vehículo que nos permite coincidir con personas y conocer lugares que, por cuenta propia, nunca hubiésemos logrado conocer. Mientras la pelota siga rodando, el espacio para conocer y disfrutar siempre seguirá existiendo. Más allá de poder jugar a nivel profesional, lo que queda después de correr tantos años tras el balón son las historias, los lugares y sobre todo las personas que éste nos ayudó (y nos ayudará) a encontrar en el camino. Por eso es que el futbol nunca estará en deuda con aquellos que le hemos entregado tantos años de nuestra vida, de ser así, muchos de nosotros no hubiésemos probado el mate aquel verano, ni tampoco estaríamos en los lugares en los que hoy nos encontramos.

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