Relato de un recuerdo

Narrativa

Mamihlapinatapai: Una mirada entre dos personas, cada una de las cuales espera que la otra comience una acción que ambas desean pero que ninguna se anima a iniciar.

Camino al coche ocurrió, pero sólo hasta ahora puedo darme cuenta de lo que realmente sucedía. Caminábamos bajo la tenue luz de los faroles que sólo incita al romanticismo, mientras el momento pasaba imperceptible frente a nosotros. Toprezábamos el uno con el otro llegando a confundir nuestros pasos y riendo de cosas que hoy, tratando de regresar al recuerdo, se vuelven borrosas para mi memoria.

Todo se confunde cuando vuelvo atrás y trato de recordar. Ya no sé si regreso al recuerdo o a la imagen que mi mente ha creado durante el transcurso de el tiempo. La pobre imagen que me queda pierde su nitidez conforme pasan los días. Lo único de aquella noche que aún permanece claro es la pasión evidente que nuestra plática desbordaba, que sonreías distraída tratando de ocultar el rubor de tu cara, que pude robarte un beso y que no lo hice.

Muchas cosas han sucedido desde aquella noche y hasta hoy logro entenderlo. Durante mucho tiempo me recriminé haber sido un cobarde frente a la coyuntura, pero ahora caigo en la cuenta que lo sucedidó, fue lo mejor que pudo haber pasado. De haber interrumpido el ritmo de el encuentro con un beso protocolario, la fugacidad de el momento hubiera perdido todo su encanto. Hasta ahora puedo entender lo que abrazado a tu cintura no me quedaba claro. El acto que los dos conformábamos no necesitaba que nuestros labios se tocaran para llegar a culminarse. Lo que en aquel entonces nos unía era mayor que cualquier beso y, sin darnos cuenta, a cada paso dado, la espontaneidad y la noche se escapaban de nuestras manos.

relato de un recuerdo1

Como dice Gonzalo Celorio «los besos no tienen por fuerza que ser solemnes sino que pueden prescindir de la mirada preparatoria y de los párpados doblegados, y que se puede besar con los ojos muy abiertos y que se puede reír mientras se besa[…] y que ni la carcajada franca interrumpe el beso, que se prolonga cada vez más denso, y que ahí, en la risa besada, habita el compañerismo y la solidaridad».

Es por eso que trato de regresar en vano a aquella noche en la que, entre miradas, los dos logramos llegar a querernos. Una noche que llegó a su fin cuando nos despedimos y cerré la puerta de tu coche. Una noche que sólo en mi memoria prevalecerá eterna ya que, después de chocar las mejillas una última vez y quedarme solo, pude llegar a percatar que mi memoria ya te había empezado a recordar. 

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