Lo raro será para Buffon

Futbol

Este texto lo escribí algunos meses antes de comenzar Rusia 2018. A manera de presagio, relato las extrañezas que, antes de comenzar, el mundial nos tenía preparadas.

Falta más de medio año para que inicie la justa y el mundial de Rusia pinta para ser un campeonato fuera de lo común. Las eliminatorias han dejado ya una muestra de esto y Argentina, después de la manera milagrosa como se logró calificar, es el testigo principal.

A quién se le iba a ocurrir decirnos hace 11 años, mientras se disputaba la final entre Francia e Italia en Alemania 2006, que nos tocaría presenciar un mundial como el que está por ocurrir en Rusia. Un campeonato en el que no vamos a poder ver a selecciones de talla internacional como la de Holanda, y que en su lugar nos tocará observar partidos de Perú, que retoma su lugar en el torneo después de 36 años de ausencia. Hasta hace algunos meses a nadie se le cruzaba por la cabeza la idea de que la bicampeona de América tendría que conformarse con ver el mundial desde casa. Después de haber llegado a la final de la Copa Confederaciones, Chile era para muchos uno de los principales candidatos a levantar la copa del mundo. Lo de Estados Unidos, seamos sinceros, esa noche en Berlín, cuando las selecciones se disputaban el cetro desde el punto penal, no hubiera sorprendido a nadie. A pesar que el conjunto de las barras y las estrellas es un equipo con futuro, siempre ha estado lejos de ser una potencia en este deporte como lo es en otros. El éxito internacional de los “americanos”, como ellos mismos se hacen llamar, les llega cada 4 años en los juegos olímpicos. En el futbol, su selección siguen siendo una promesa incumplida.  Lo insólito durante la lejana final del 2006, hubiera sido pensar que una de las dos selecciones, que en ese momento disputaba el partido, años más tarde se quedaría sólo con las ganas de volver a competir en un mundial. La idea sería lo más cercano a una crisis en plano internacional. Si esa noche, mientras Zidane se despedía de las canchas con el cabezazo más certero de toda su carrera, un recogepelotas vidente se hubiera acercado a Buffon y, al oido, le hubiera susurrado el futuro, al levantar la cuarta copa del mundo conseguida por la escuadra Azurra, Gianluigi, se hubiera burlado de él.

El futbol, como es su costumbre, su magia, sorprende cada día más. Cuando creo que lo he visto todo, la pelota vuelve a rodar y algo que creía inverosímil termina por pasar. Jamás en mi vida creí ver llorar a un jugador tan grande como Buffon y este año ya lo hice dos veces. De pequeño imaginaba que mis ídolos, los que jugaban en la televisión cada fin de semana, estaban exentos de las lágrimas, que eran inmunes a ellas. Pensaba que llorar era algo que sólo hacían los mortales, como yo, en la intimidad. Estaba equivocado. Una vez más, el deporte me ha vuelto a sorprender. La primera vez fue después de la final de la Champions que la Juventus perdió contra el Madrid en Cardiff. La segunda, ayer cuando Italia quedó fuera del mundial al caer 1-0 contra la todopoderosa Suecia. En las dos ocasiones ha pasado lo que nunca creí capaz: ver llorar a Buffon. El llanto del guardameta me demostró su lado humano y me hizo padecer su dolor. Si ante las cámaras se le humedecían los ojos y lo brotaban las lágrimas de esa forma, no me imagino como habrá llorado estando solo, en la penumbra de su cuarto. El partido me afligió porque, a mi parecer, después de haber perdido dos años antes la final, en su segundo intento por conseguir el gran triunfo, Buffon merecía la orejona más que nadie en ese campo.

Las lágrimas de frustración del arquero al saber que no podrá asistir a su sexta copa del mundo, se convirtieron en mis lágrimas. Su dolor fue mi dolor. La impotencia que dibujaba sus cara me dejó claro que el futbol no es un deporte donde siempre le va bien a quien más lo merece. El balompié se juega en la cancha durante 90 minutos y quien trata de jugarlo en la mesa, mediante estadísticas, no conoce nada del deporte. Esas personas que creen que el futbol se basa en datos, nunca podrán llorar ninguna de las lágrimas que ayer en la cancha derramó Gianluigi.

Por eso, una vez empezado el mundial, lo raro no va a ser para nosotros, aficionados apasionados, cambiar de canal y no encontrar a Italia jugando ninguno de los partidos trasmitidos. Lo raro será para Buffon que, después de 20 años ininterrumpidos asistiendo al torneo, verá la justa desde la comodidad del sillón de su casa, con el control remoto en la mano, tratando de no perder nada trascendente de ninguno de los juegos. Luego de haber jugado cinco mundiales consecutivos, será difícil para el arquero acostumbrarse a no poder formar parte de la gran fiesta. Sin duda, la rareza que depara Rusia no será para nosotros, será para Buffon.

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