Volver

Narrativa

Los espacios a los que necesitaba volver ya no existen y en ello radica su tragedia: nada le pertenece.

Conjunto Vacío, Verónica Gerber Bicceci

Llueve, las ventanas se mojan con la brisa, gotas caen por el alféizar, las puertas se azotan y me acuerdo de ti. Pienso en todo lo que sufro cuando vuelvo a ti y en lo mucho que esa angustia comienza a gustarme.

Nunca he sido una persona a la que le guste la idea de volver a ver una película, o alguna obra de arte. Tengo un pacto tácito conmigo que me dicta a no perder algo tan valioso y limitado, como es el tiempo, en cosas que ya vi con anterioridad. En esta corta vida, aún existe un mar de cosas por ver. Mi perfil es más parecido al de ese tipo de gente que es feliz con la primera impresión. Pero pasa el tiempo y me doy cuenta que eres inmune a la regla. Cuando se trata de ti me convierto en otro. Soy ajeno a mi principio, siempre vuelvo.

Sin darme cuenta regreso y me duele, pero también sé que, al final de todo, en el volver y en el sufrir estarás de nuevo tú, esperando paciente en el portón de mi suplicio. Vuelvo casi a ciegas entre la oscuridad, guiando mis pasos con el sonido de tu voz, por la senda de un trayecto que el tiempo me ha trazado en la memoria. Y lo hago porque no concibo la idea de la agonía placentera si no es contigo. Te odio, pero también te quiero y las dos veces lo hago de todas las maneras posibles en las que el ser es capaz de amar/odiar a un semejante. Todo al mismo tiempo. Te quiero olvidar y te quiero lejos, pero también, te quiero cerca.  Enséñame a odiarte de verdad y tal vez así no vuelva.

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Desprecio tu ausencia, pero creo que he llegado a adorar tu presencia. Lo hago cuando en nuestra platica singular como siempre, después de burlarme de ti, alcanzamos a cruzar miradas y ninguno sabe cómo responder al deseo que nos hierve. Tú, queriendo que deje de seguir con mi mirada atenta, casi japonesa, el dibujo que trazas con cada paso y yo, esperando que en la profundidad de tus ojos, tus pupilas me den una señal que nunca termina por llegar. Sentirme impotente ante tu iris y tener claro que tus ojos se van a perder en otro del mismo modo como yo me pierdo en los tuyos. No somos nada y aún así te pertenezco. Aunque me mienta, una sonrisa o una mirada bastan para darme cuenta que estás presente, que no te olvido. Esta lluvia y sus gotas, estas palabras y cada una de las letras que conforman mis escritos, de alguna manera, te llevan a ti de por medio. Por eso vuelvo y trato de ser feliz en el regreso, aunque tú huyas y te pierdas en las tinieblas del camino.

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