Mesías Moderno

Futbol

Un mesías es el enviado por Dios a la tierra para que libere al pueblo del orden establecido. Su apellido casi lo dice; sus actos lo respaldan. Messi es el mesías. Sobra una “s” intermedia y el “as” que falta al final es una gambeta o un regate que esconde bajo la manga de la camiseta blaugrana. Como un mesías, Messi rompe la estructura previa que pueda tener el rival y, aún cuando el reloj corre, logra pausar el partido con su característico cambio de ritmo. El partido en su cabeza corre a otra velocidad. Sin tener el balón en los pies, él ya sabe lo que va a hacer cuando la pelota llegue a su zurda prodigiosa. Tiene la agilidad mental para encontrar espacios donde los simples mortales sólo alcanzamos a distinguir una linea de cuatro defensas bien plantados. Es el encargado de darle vida al futbol ordenadamente táctico, modernista y en ocaciones aburrido. Lionel nos tiene a todos al filo de nuestros asientos, viendo sin pestañear, los noventa minutos del encuentro. Como cada domingo quedamos atentos frente al televisor esperanzados de ver una filigrana con la cual logre dejarnos boquiabiertos.

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A diferencia de Cristiano, lo de Messi es algo divino en la totalidad de la palabra. Cristiano es un atleta total, el resultado de tantas horas invertidas en el gimnasio y en el estudio de sus rivales. Es un estudiante aplicado que, después de haber pasado la noche en vela repasando sus apuntes, llega al examen con ojeras malva y un café de doble carga. Con la cara de un Adonis griego, Ronaldo es el reflejo de un futbol globalizado y acaudalado por el dinero. Un futbol que esta lejos de sus orígenes pordioseros y que necesita de figuras sobrevaloradas para subsistir. Messi es diferente, incluso todo lo contrario: de ahí el debate entre quién es mejor. Cristiano cierra bocas con sus estadísticas inhumanas, Messi las abre con sus genialidades.

Tocado por Dios, Messi nos demuestra que los milagros si ocurren y que suceden en el rectángulo verde. Ese niño rosarino, de 1.60 metros de altura, introvertido, que firmó su primer contrato en una servilleta de papel, sigue siendo el mismo. Capaz de burlar rivales incansablemente dentro del campo, afuera también ha demostrado tener la facultad necesaria, que pocos futbolistas poseen en la actualidad, para esquivar policías y firmar la playera de un aficionado que llora por un segundo con su ídolo. Eso es Messi. El regalo que nos mandó un Dios (ignoro cuál) para demostrarnos que, en un futbol donde se aplaude más una barrida que un regate, la divinidad sigue latente. Benditos nuestros ojos por permitirnos ser testigos de todas esas proezas ocultas en tu pierna izquierda. No te acabes nunca Messi. Hasta ese día, cuando llegue el final, nos daremos cuenta cuán afortunados éramos de poderte disfrutar hasta tres veces por semana.

Valdano, Messi

“[…]pagará la eterna deuda que tiene con su abuela e irá a esconderse a un lugar cualquiera del terreno de juego, donde una próxima pelota volverá a encontrarlo.” Jorge Valdano, Futbol: el juego infinito